Redes distribuidas

CAS

30 Jun 2011

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Tal como viene a representar esta imagen, las estructuras en los procesos de comunicación han variado. Al ser la comunicación un elemento clave en cada uno de los ámbitos de nuestras vidas, es lógico que todo se haya visto transformado sustancialmente en las últimas dos décadas. Tras la aparición de Internet se rompe con un modelo fuertemente enraizado en la sociedad en el que ponía los medios de producción de conocimiento en manos de unxs pocxs, lo cual determina las estructuras de poder. Las redes de información distribuidas que se establecen en los 90 y tienen su explosión social en los ’00, convierten a los medios en el lugar donde sucede la política hoy.

Como dice Manuel Castells, la comunicación de masas pasa a ser de "autocomunicación" de masas, algo a lo que únicamente había aspirado la radio en sus inicios, antes de ser controlada mayoritariamente y condenada a ser mass media. La facilidad de publicación de contenidos que ofrece la Red es un hecho sin precedentes que, a pesar de su intensiva comercialización en los últimos años, sigue ofreciendo grandes posibilidades para desarrollar "autonomía crítica, experimentación libre y colectividad". Esto, siempre y cuando sepamos defender nuestros derechos y potenciar nuevos usos.

Si este nuevo paradigma comunicacional afecta de manera global y transversal a todos los aspectos de la sociedad, es en el ámbito cultural desde donde más se estaría dinamizando este proceso de cambio. La conexión cultura-comunicación es determinante para que las manifestaciones culturales y artísticas también tengan un papel fundamental no sólo en lo social sino además en lo político. La desmaterialización de los intercambios comerciales y el auge de la información y el conocimiento como valor de cambio nos ha llevado también a hablar de un capitalismo cognitivo estrechamente vinculado con las producciones culturales.

Esto, a su vez, nos lleva a que el análisis de las estructuras de producción y circulación de la cultura sirvan de "laboratorio" para cualquier reflexión o experimento que conecte con cuestiones importantes de otros ámbitos como la economía, la ciencia, la educación o la política. Las tecnologías digitales impulsan esta revolución en las comunicaciones y por tanto su valor en la ecuación no es otro que el de potenciar patrones de comportamientos e ideas que están en nosotrxs.

Es interesante pensar que ciertas herramientas pueden llevar a un cambio social. Personalmente creo que la tecnología p2p no sólo han facilitado el intercambio de archivos sino que ha influido en la corriente asociada al movimiento del software libre y la cultura libre. También se puede pensar que la influencia es inversa: ciertas ideas nos llevaron a crear las tecnologías necesarias. Pero de una manera u otra se retroalimentan. Y sí que marca ciertas diferencias. Lxs que están en esa corriente de pensamiento a la que me refiero están construyendo unos modelos y unas estructuras que rompen con lo anterior.

Hablar de cultura digital se hace necesario por esa diferencia. Cuando metemos la etiqueta "digital" no pensamos tanto en los bits sino en quizá "redes distribuidas". Aunque no sólo, también en "hacer con otrxs", "procomún" o "reciclaje/remezcla". La cultura digital no es un compartimento cerrado dentro de lo que se conoce por arte contemporáneo, de hecho no encaja es sus estructuras, y en afortunadas ocasiones las dinamita. Y no encaja porque sencillamente no es algo que se pueda compartimentar. Existen tantas variedades, metodologías, usos, profesionales y no profesionales, que es imposible analizarla como se venía haciendo hasta ahora con los movimientos artísticos. Seguimos hablando de "arte" y "artistas" pero no de la misma manera, su papel es otro.

Volvemos a vivir un momento en el que las disciplinas se mezclan. Ahora es más fácil compartir y relacionarse. Lxs grandes metarrelatos se derrumbaron por algo, para algo. Y es en ese punto de rotura que ahora los mil pedazos se comienzan a reagrupar. La hibridación caracteriza este tiempo de "múltiples verdades paralelas", de una cultura vertiginosa y fluida. Un estado de cosas que, como no podría ser de otra manera, pone en cuestión el concepto como el de autoría. No sólo eso, también la necesidad de producir objetos para su venta o la obligación de terminar los procesos de experimentación a la espera de resultados concretos e inamovibles. Lo mejor es que este cuestionamiento no se queda en la negación, es proactivo y ofrece alternativas posibles.

En las publicaciones digitales estos cambios también aparecen. Surgen nuevos retos y nuevas posibilidades. Y puede que las revistas de arte que nos sean capaces de reinventarse en este nuevo escenario se estén excluyendo de una serie de "conversaciones" de alto valor para lo que ellas están trabajando. Sí, hace falta pausa, referencialidad, memoria y compromiso, algo que ellas pueden aportar, pero siempre intentando no caer en el anacronismo, la autoreferencialidad, la inercia y el exceso de gravedad.

Buscando ese equilibrio nos encontramos todxs. Explorando con pasión un nuevo territorio, quizá no tan nuevo. Pero si no lo es, ¿por qué ahora las cosas son diferentes?

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